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La fuerza de los valores de la APG: una institución nacida para defender la verdad

La historia de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) no puede entenderse únicamente como la fundación de un gremio profesional. Es, ante todo, la construcción de un proyecto basado en valores. Desde su origen, el 10 de abril de 1947, la APG nació como una declaración ética en defensa de la libertad, la dignidad profesional y el derecho de la sociedad a estar informada.

Hoy, casi ocho décadas después, esos principios no solo permanecen vigentes: constituyen el eje que define su misión y visión institucional.

Un nacimiento marcado por la libertad

En el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, cuando aún resonaban los ecos de la Revolución de Octubre de 1944, 48 periodistas decidieron reunirse en el entonces influyente Diario El Imparcial. El país vivía la llamada primavera democrática, un período que rompió con las viejas dictaduras y abrió espacio a nuevas ideas, nuevas voces y nuevas responsabilidades.

El Acta de Fundación de la APG fue clara en su propósito: agrupar a los periodistas profesionales en activo para defender sus intereses gremiales, dignificar el ejercicio del periodismo y contribuir al progreso material y espiritual de la prensa.

La Junta Directiva provisional fue presidida por Clemente Marroquín Rojas, acompañado por Manuel Eduardo Rodríguez, Ramón Blanco, José Alfredo Palmieri, Fernando Molina Nannini y Rigoberto Bran Azmitia. Entre las 48 firmas fundacionales figuró también la de Miguel Ángel Asturias, quien años más tarde recibiría el Premio Nobel de Literatura.

El 6 de mayo de 1947, el gobierno emitió el acuerdo que otorgó vida jurídica a la Asociación. Desde ese momento, la APG quedó constituida como una entidad con personalidad jurídica, autónoma, privada, cultural, apolítica y no lucrativa.

Pero más allá de su estructura legal, lo que realmente nació ese día fue un compromiso con valores que siguen siendo su brújula.

A continuación los valores que promueve la APG:

  • Libertad de expresión: el principio fundacional

El valor central de la APG es la libertad de expresión. Defender la libre emisión del pensamiento, la libertad de prensa y el derecho a informar y ser informado fue el motivo primario de su creación.

No era un gesto retórico. En un país con antecedentes de censura y persecución, la libertad de expresión se convirtió en un principio que exigía vigilancia constante. La APG entendió desde su origen que sin prensa libre no hay democracia plena.

  • Autonomía: independencia como garantía

La APG se define como autónoma y apolítica. Esta autonomía no significa indiferencia frente a los acontecimientos nacionales; implica independencia frente a intereses partidarios o presiones externas.

La autonomía garantiza que sus pronunciamientos y decisiones respondan exclusivamente a la defensa del ejercicio periodístico y no a alineamientos coyunturales.

  • Ética profesional: dignificación del oficio

En el Acta de Fundación se estableció la dignificación profesional como uno de los objetivos centrales. La ética periodística no fue concebida como un accesorio, sino como un pilar estructural.

La ética profesional implica rigor informativo, verificación de datos, responsabilidad social y conciencia del impacto de la palabra pública. En un contexto contemporáneo marcado por la desinformación y la inmediatez digital, este valor adquiere mayor relevancia.

  • Solidaridad gremial: unidad frente a la adversidad

Desde sus primeras décadas, la APG asumió la solidaridad gremial como mecanismo de protección colectiva. La defensa de un periodista frente a amenazas o ataques no es un acto individual, sino institucional.

La solidaridad ha sido clave en momentos de crisis democrática, cuando periodistas han enfrentado procesos judiciales, hostigamiento o campañas de desprestigio. La unidad gremial se convierte entonces en un escudo ético y profesional.

El ejercicio periodístico, guiado por la ética, la verdad y la libertad de expresión, es la esencia de los valores que la APG promueve desde su fundación. Foto: Freepik.
  • Compromiso con la verdad: razón de ser del periodismo

El compromiso con la verdad es la esencia del ejercicio periodístico. No se trata de una verdad absoluta, sino de la búsqueda honesta y documentada de los hechos.

Los fundadores comprendieron que el periodismo no puede reducirse a opinión o propaganda. Su función social exige rigor, contraste de fuentes y responsabilidad frente a la ciudadanía.

  • Defensa de los derechos humanos: dimensión social

La defensa de la libertad de expresión está intrínsecamente ligada a los derechos humanos. Cuando un periodista es silenciado, se afecta el derecho colectivo a la información.

A lo largo de su historia, la APG ha entendido que la libertad de prensa no es un privilegio corporativo, sino un derecho ciudadano.

  • Transparencia: coherencia institucional

La transparencia es un valor que fortalece la credibilidad. Una organización que defiende la verdad debe practicarla internamente.

La transparencia implica claridad en sus decisiones, rendición de cuentas y coherencia entre discurso y acción.

Continuidad de un legado

La misión actual de la APG reafirma los principios fundacionales: defender las libertades de expresión, de información y de prensa; proteger el ejercicio profesional; salvaguardar los derechos de sus asociados.

Su visión proyecta una institución sólida, moderna y comprometida con el fortalecimiento democrático del país.

Esa continuidad demuestra que los valores proclamados en 1947 no fueron circunstanciales. Han atravesado contextos políticos diversos, cambios tecnológicos y transformaciones sociales.

Una historia escrita con convicción

La APG nació como obra directa de un tiempo de revolución democrática. Fue fundada por periodistas conscientes de que la palabra es poder y responsabilidad.

Su historia es la de una institución que ha enfrentado censura, presión y desafíos, pero que ha mantenido firme su compromiso con la libertad, la ética y la verdad.

En un mundo donde la información circula a velocidades inéditas y donde la credibilidad se pone a prueba diariamente, los valores fundacionales de la APG no son una reliquia histórica. Son una necesidad contemporánea.

Porque la verdad —aunque incómoda— sigue siendo un acto de valentía.
Y la defensa de la palabra libre continúa siendo una tarea permanente.